Desde las once de la mañana las familias y comunidades llegadas del extranjero ya sea desde hace años o recientemente, se instalaron en la Ventana al Mar para ofrecer como cada año según supe, parte de su cultura culinaria, artesanía y memoria fotográfica.
A la entrada estaba la puerta que los japoneses llaman torii cuya leyenda dice que es para que los pájaros se posen en ella y pueda salir el sol y es usada como símbolo del deseo de bienestar y éxito.
Quedé sin degustar comida cubana o alemana, sólo probé postres de Italia, tamales de la comunidad zapoteca, compré un bolsito de los trikis, papel para origami de Japón, arroz con pollo, patacones y yuca de Panamá, guantes tejidos a mano de Bolivia, crepas de Francia.
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